No hay mucho qué decir.... He dejado de escribir...
Quizá estoy entendiendo que si todo se olvida, está bien. O simplemente no tengo el rigor para escribir todos los días esto.
En Brasil deserté porque no había un sólo segundo en el cuál poder encontrarse sola.
Eso fue extraño y me pareció un poco cansador. Porque estar siempre acompañado, siempre con otros, sin poder decantar todo, sin un minuto de silencio, sin poder escribir o reflexionar, y sin poder descubrir por mí misma y acatando itinerarios que no dejaban tiempo para los fortuito y la sorpresa y la orgánicidad, me perturbaba y me fue apagando un poco.
Por eso agradecí con tode el alma cuando nos separamos con el Jose y tuvimos un día de independencia.
Íbamos a hospedarnos en una pieza y saldríamos para lugares distintos al día siguiente. Al final nos aventuramos juntos porque orgánicamente se dió eso. Y fue magnífico. Y sentí el silencio.
Algo que amo del Jose es su energía. Me calma y me hace sentir en paz. Me siento cómoda y feliz, y eso fue un hermoso regalo en el viaje.
Estar con el Jose fue un cable a cielo en medio de toda esa presión social.
Fui feliz los últimos dos días, pero aún así quería volver. Extrañaba a la Anto y extrañamente, al Este, aún más.
Al llegar a Santiago, a diferencia de las demás, me sentí feliz. Sentí q Chile es un país que guarda la distancia y habla bajo. Y no me molesta jajajaja. Mis oídos dejaron de cansarse.
La Anto volvía al día siguiente en la tarde porque tenía el cumpleaños de la sobrina.
Por lo que estaría en un stand bye hasta verla. Porque mi vida vuelve a la cotidianidad cuando vuelvo a abrazarla.
La casa y el Nacho me recibieron por primera vez bien. Jajajaj no hubo depresión ndógena por el abandono porque el Nacho había ordenado. Estaba en la quiebra y sin internet, así que comenzó a movilizarse.
Lo único no más, es que esa pulga monstruosa que me despidió la noche antes al viaje a Brasil, me esperaba viva y hambrienta a mí regreso. Y volvió a festinar con mi misma mano.
Volvió la reacción alérgica aún más fuerte, y eso molestó mi semana.
A penas llegué, me escribió la Marce. Fue un acto de telepatía. No le avisé ni tenía cómo saber.
Nuestras relaciones habían estado cortadas por casi un año. Desde que conocí al Este, naturalmente dejé de verla. Quizá porque la sentimiento ya no era el mismo o quizá porque estaba omnubilada.
Luego, cuando quise retomar nuestra rutina, ella se alejó. Su vida se fue desmoronando y se enfermó y no quiso contarme. (También porque una vez le dije que dejara de hacerlo porque me bajaba el ánimo que siempre tuviera sólo problemas.) Así que imagino, decidió simplemente no contarme.
Ahora que lo sé, me siento culpable, pero sé que pasó y que ambas estamos saldadas de cuentas, no porque hubiesen heridas, sino porque retomamos el hilo.
Nos juntamos, y fue hermoso. Cómo si me hubiese abierto la puerta de su casa, antes del viaje que hicimos a Argentina (siento que ha pasado una década de eso).
Volví a sentir que ya no era invitada en su vida, sino compañeras como antes. Me di cuenta en ese mismo instante, que nuestras vidas volvían a tener en cuenta a la otra dentro de sí.
Nos juntamos y comenzamos a hacer planes para otros días, de manera natural. Ambas.
Eso fue bonito. Porque por alguna razón, mi rutina cambió drásticamente en un año, y dejé de visitar y compartir con mis cercanos. Cambiaron los agentes en el juego. Todos. Cómo si fuese un cambio de temporada de alguna serie y cambiarán a todos los personajes y fuese una historia completamente distinta.
Mi círculo se redujo y se transformó, pero porque yo lo quise así. Aún cuando en el fondo de mi corazón, yo sabía que era una etapa de tránsito para que todo decantara.
Ahora que mi vida vuelve a resurgir, porque Hnito también volvió a abrazar mi vida como antes, es que siento que veremos cómo se funden todas las historias.
Estas cosas las puedo ver, las distingo, y eso es bonito. Porque hay gente que siempre estará en mi vida. Y yo lo sé y ellos lo saben. Amigos que dejo ir, pero qué sé que estarán en mi vida para siempre, porque son parte intrínseca de mi historia. Son personas que amo y que jamás dejaré de amar. Porque el amor no se pasa. Es como dejar de amar a un familiar. No se puede!
En fin... Creo q es una mescolanza. Hay gente que nueva que ha llegado a mi vida, como el Jose, o la Meme con la que hemos afianzado lazos sólidos que existen desde los 6 años, pero que ahora son definitivamente más fuertes. Y además aparecen los de siempre y eso es bonito.
Este estado de misantropía empieza a acabar, y queda la elección de saber cuándo quiero estar sola y cuándo quiero estar con mi gente.
Con respecto al Este, desde que volví que lo siento lejano. Muy distante, como si sólo quedara un contacto porque es rutina. Eso me ha puesto un poco triste, porque lo amo... Es maravilloso estar con él... Pero su vida se desarrolla en otra parte, y me pregunto si estará bien sumirnos en este mundo virtual de enamorarnos fantasmas. Y cuánto real existe en eso.
Me he preguntado mucho sobre la veracidad de ello. Y no lo sé. Siento que su felicidad no tiene que ver con lo nuestro. Son otras cosas lo que le llenan el alma, y me encanta. Y si bien comparto esas cosas, algunas, siento que no es necesario si estoy ahí o no. Y a veces cuando viene arrasa conmigo como un huracán y me lleva por sus aguas y ventoleras, y pierdo el rumbo de mi propia corriente.
Siento que cuando nos vemos se crea un mundo paralelo que no sé si se sostenga en un parasiempre. O no sé si quiero sostenerlo en esa eterna extensión de tiempo.
Me cuesta no mimetizarme. Me ha costado volver a mi centro. Me cuesta no pensar en él. No sé aún cómo fusionar las cosas. A veces siento que estoy teniendo un romance cibernético de chat de los 13 años... Y eso como rutina, ya no es tan bacán. Hay un mundo detrás que no veo. Hay un mundo que le pertenece que no alcanzo a compartir desde la lejanía y viceversa.