Nos levantamos tipo 6am con la Anto. Dormimos juntas porque estábamos un poco tristonas porque la Anto no quería estar tanto tiempo sin mí quedándose con el papá. Lloramos un poco esa noche.
Aún tengo pena y me siento culpable porque yo en su lugar, me hubiese muerto sin mi mamá dos semanas y media.
La abracé muy fuerte y dormimos juntas.
A las 6am nos despertamos, y como nunca, salimos temprabo.
En la micro discutimos porque le volví a dar una nueva perorata del porqué no debía pedir las zapatillas que quería. Al final entendió, pero primero se enojó y discutimos por eso.
Al llegar al colegio (a la hora), nos abrazamos fuerte y nos despedimos. Volví a llorar un poco, de camino a casa.
Luego me bañé y terminé de arreglar mis cosas. Nos pusimos de acuerdo con Jose, qué dijo que me pasaría a buscar para tomar el centropuerto juntos, y así lo hicimos.
Llegamos al mismo tiempo que las cabras y fuimos a hacer los trámites de embarque.
Cuando llegamos, nos dijeron que sólo podíamos llevar un bulto abajo del avión, por lo que nos gastamos toda la cinta de embalaje pegando los filtros a los bolsos, para que después nos dijeran que no se podía y que teníamos que desarmarlontodo y dejarlo como estaba.
Nos enojamos y nos reímos del viejo que nos había mandado a embalar las cosas, y quedó como el viejo con complejo de jefe, Tomando decisiones sin saber nada.
Nos subimos al avión sin tanta emoción como creíamos que habría (al parecer nos estábamos acostumbrando a eso de viajar en avión con la obra).
Yo pretendía sentarme y leer todo el camino y aprovechar también de dormir, pero el panorama cambió cuando supe que me iba sentada al lado de la Cony.
Yo iba en el lado del pasillo, y ella al medio. Cuando llegamos a nuestros asientos en la cola, vimos que estábamos sentadas al lado de un joven bastante guapo jajajaja. Empecé a molestar a la cony en voz baja, para después sentarme y seguir con mi plan de leer.
Sin embargo, no sé qué hicimos, que el ser de al lado nos empezó a hablar. Yo con mi misantropía de siempre, no quería hablarle, y respondía cortante, pero cony entre huraña y no, cedió a seguir conversando.
Así que la conversación se extendió todo el viaje entre risas, sarcasmos y lugares nada comunes. Era Uruguayo y venía de dos años de viajar por nueva Zelanda y Australia, trabajando por temporadas, como lo está haciendo la Klaudia.
Nos contó de la hermosa vida allá, y de cómo había cambiado sus perspectivas a cerca de la vida y el trabajo, y el valor de ambas. Hablamos de la pandemia de vivir para trabajar, del estrés de la ciudades, del capitalismo, de la ignorancia en que nos han sometido, de los trabajadores en la antigüedad, de los cordones, etc...
En fin, fue un dialogado y turbulento viaje hasta Montevideo.
Al llegar tipo 6pm, Rena nos dijo que tenía amigos en Uruguay con los cuales nos podríamos juntar. Decidimos así salir del aeropuerto, pero nos encontramos con la sorpresa de que teníamos que pagar 42 dólares para poder salir y entrar al aeropuerto, por tazas de embarque.
Nuevamente cambió el panorama y nos hicimos a la idea de dormir en los sacos en la sala de embarque.
Sin embargo, Rena, haciendo buenas migas con los trabajadores de la aerolínea logró encontrar una forma de que no nos cobraran. Así que tomamos nuestras cosas a la velocidad de la luz y salimos.
Fue maravilloso salir un rato a tomar aire. Además, la gente en Uruguay era muy amable. Fueron los latinoamericanos que me cayeron mejor.
En fin, caminamos por las afueras del aeropuerto muriendo de frío pero sacándonos fotos. Hasta que llegaron los amigos de la Rena en una camioneta para llevarnos a un restante donde trabajaba uno de ellos.
Nos contaron sobre Uruguay, sobre lo pequeñito que era el país y la poquita gente que había. Nos contaron de cómo la gente había decidido despoblar la ciudad y migrar a las playas.
Cuando llegamos al restorant. Nos sentimos muy felices porque había comida exquisita. Toda de huertos de ahí mismo y una gran cantidad de menú vegano. Comimos hasta reventar y escuchamos Jazz en Jam.
Entremedio Jose me comentó de la conversación que había tenido con el Este sobre mis celos.
Primero me dió risa... Después me molestó un poco porque era una visión super unilateral, y de la cual yo no siquiera había querido hablar porque me parecía que no valía la pena. Sin embargo,hay cosas que me molestan y que encuentro que son inconcientes que suele hacer la gente. Pero q sé que no las hacen con la intención de molestar, y para las cuales prefiero quedarme callada.
Se lo dije al Jose, y me dijo que la verdad no le interesaba. Me reí, y le dije que claramente era el pior tema de la existencia.
Luego dejamos de hablar. Fuimos a fumar marihuana Legal! Jajajaja eso era lo más chistoso de todo. Fumar legamente.! Es una sensación extraña el nombre tener que rendirle cuentas a nadie por acciones que son tan censuradas.
Fumamos y me puse a pensar. Recordé la conversa con el Jose, y empecé a pensar en el Este. Recordé cuando recalcó la parte de una canción del príncipe en que decía algo así como que los argumentos y las excusas sólo sirven para demostrar lo que uno no desea cambiar.
Pensé en que si realmente le molestaba, es porque no estaba bien. Comencé a recapacitar y a recordar las frases que siempre le digo a la Anto, sobre que los hechos son hechos y las connotaciones sólo perspectivas mezquinas e individuales.
Si esa situación le molestaba al Este, es porque así es y hay que mejorarlo. Quizá en otra oportunidad conversaremos y pueda también darse cuenta de esa perspectiva que siento cada vez que me callo, pero que por ahora el hecho hay que arreglarlo, y de los he yo me puedo preocupar es sólo de lo que a mí me concierne mejorar.
Me sentí un poco más limpia, como si me hubiese sacado un peso de encima.tuve unas irrefrenables ganas de hablar con él, pero no tenía señal. Así que sólo intenté mantenerme despierta porque el pito me tenía lánguida de sueño.
Esperamos un poco y nos fueron a dejar al aeropuerto.
Al llegar tuvimos miedo de que no nos dejaran entrar, pero todo salió bien.
Así que rápidamente nos acostamos al lado de la Vale, que se había querido quedar en el aeropuerto, y dormí plácidamente hasta que sonó la alarma.