domingo, 13 de agosto de 2017

Viernes 11 de Agosto

Nos levantamos a las 5.45am con la alarma. El aeropuerto se había llenado y nos miraban con cara rara, aunque la verdad no importaba mucho.
Salimos de los sacos rápidamente, los armamos y partimos a nuestra puerta de embarque.
Yo pasé a cagar y me tuve que correr a la puerta. En eso se me quedó el celular y tuve que pedir permiso para volver a buscarlo.
Cuando entramos, nos tocó nuevamente juntas con la Cony, pero le cambié el puesto a una Argentina que quería sentarse con su esposo. Así que me fui sola una fila más adelante, viendo Gravity.
Lo chistoso fue que hubo mucha turbulencia, y empezó al mismo tiempo que empezaban las catástrofes en la órbita terrestre. Así que entre que sentía susto y que me sentía en un cine 4D. Fue chistoso.
Cuando llegamos al aeropuerto de Guarulhos, perdimos la señal de wifi y tuvimos algo de miedo de que los organizadores no llegaran. Los conocíamos y por lo mismo esperábamos lo peor.
Todo era extraño porque el idioma cambió y eso volvió todo más emocionante.
Al salir nos encontramos con Amarillio y Rebeca, que era una brasileña de madre chilena, por lo que hizo de nuestra traductora.
Nos sentimos felices de que estuvieran ahí. Nos llevaron en combi hasta Guarulhos y Rebeca se encargaba que un poco de explicarnos todo. Nos contó que itineraríamos en varios lugares, pero que el centro estratégico sería Guarulhos.
Al llegar almorzamos arroz con porotos y carne (dejamos la carne). Y lo encontramos rico! (No sabíamos que todos los días comeríamos lo mismo).
Después de eso, nos llevaron a Sao Paolo, porque nosotros presentaríamos al día siguiente en el teatro de Vento Forte.
Nos fuimos en combina diferentes, y Rebeca nos fue contando el río cochino que atravesaba Sao Paolo. Nos contó que Vento Forte era un espacio cultural que había resistido al lado de un parque en medio de una de las localidades más adineradas de Sao Paolo. Y que ahora ya después de 40 años, se había convertido por fin en patrimonio cultural, por lo que ya no podían tocarlo, ni los vecinos adinerados, no las inmobiliarias.
Nos pusimos contentas de conocerlo.

Ese día, presentaría el cliente mexicano que estaba también en el Octubre callejero (cabe destacar que nos encontramos con la mayoría de la gente del octubre y eso fue muy bueno, porque nos sentimos en casa. Aunque era de sentimiento general encontrar extraño al Mexicano).

Fuimos viendo cómo cambiaba el paisaje. Se iba poniendo urbano y gris y no distaba mucho de Santiago, sólo que las ventanas de los eran mucho más pequeñas que en Chile.  Nos a dimos cuenta también que los aviones sobrevolaban muy bajo, y Rebeca nos explicó, que el aeropuerto de Sao Paolo está en medio de la ciudad y que por eso vuelan a tan baja altura.
Al llegar vimos que estábamos rodeados de edificios enooooormes, muy altos y cuicos, pero cuicos feos. Y que los aviones casi los tocaban. Me impactó mucho porque descendían aún más en vento forte, y porque justamente ahí los edificios eran más grandes.

Fue extraño pensar en cuicos que nos les importara la tremenda contaminación acústica de los aviones pasando cada 5 minutos. Además de hacer edificios tan horrendos y de mal gusto. Intentando aparentar la grandesa y lujo. Pero bueno! Eso es problema de ellos.

Al llegar, estaban haciendo una conferencia con un viejito argentino que llevaba viviendo más de 40 años allí, y que creó el centro cultural. Era a quién le dedicaban el festival en vento forte.
Aún así hablaba tan bajo que no entendimos nada y preferimos ir a resolver los problemas técnicos.

Vimos nuestro nuevo andamio y nos enfrentamos al nuevo reto.
Un andamio cuadrado sin tablas.
Extrañísimo!!! Aunque funcionaba mejor que el de Argentina. Ensayamos movimientos, etc... Hasta que ya se hizo de noche. No llegaba la comida y teníamos hambre, así que juntamos plata y algunas cabras fueron a comprar. Compraron unas manzanas y dos panes pequeñitos porque era todo a precio de Vitacura y más.
Sufrimos de hambre. Y cuando por fin pudimos ir a comer, era un reciclado del almuerzo, sólo para carnívoros. Así q nuevamente comimos sólo arroz.

Nos mostraron dónde dormir porque estábamos cansadísimas. No era muy tarde pero moríamos de sueño.era una cabaña pirámidal. De esas triangulares en forma de A. Estaba toda cochina, sin camas ni colchones. Sin absolutamente nada. El baño, estaba al lado del lugar donde dormiríamos y el agua se salía hacia afuera porque la ducha era sólo piso. Había que barrerla con una pseudo escoba/limpiadora de ventanas. Así que sufrimos un colapso.
Luego llegaron dos colchones para las 8 personas que éramos (Rebeca se quedó con nosotros), y sacamos uno nauseabundo que había en el segundo piso.
Las cabras alegaban por las telas de araña y la chío estaba atacada porque le daban miedo y no quería ser picada en la noche.
Les dije que si no querían ser picadas durmieran en mi carpa. Y que no tenía problemas en dormir sin colchón, porque prefería eso que dormir con medio cuerpo en la cuestión.
Al final no quisieron armar la carpa y nos arreglamos como pudimos. Con José y chío, pusimos el piso de la carpa arriba del colchón con hongos y dormirlos con el colchón atravesado, los 3.

Cuando por fin nos quedábamos dormidos, apareció mucha gente pidiendo disculpas y ocupando el baño para bañarse. Ahí nos dimos cuentas que el lugar donde nos quedábamos era también un camarín.
Fue un colapso que se sintió, pero que preferí reprimir porque Rebeca era organizadora y no se merecía nuestro odio.
Hice como que dormía para no alargar la situación, y me quedé raja de verdad. Nunca supe que se bañaron como 5 personas esa noche.