miércoles, 17 de mayo de 2017

Viaje a Merlo, Sábado 15 de Abril.

Al día siguiente nos despertamos tarde. Queríamos despertar, pero el franeleo no nos llevó a otra cosa que a seguir haciendo el amor. Era un hábito magnífico el que estábamos adquiriendo.
Por alguna razón, aunque el lugar estuviera bastante derruído, me sentía en casa. Era como experimentar nuestra vida juntos, en nuestro hogar. Ese día fuimos a comprar para hacer almuerzo y Esteban comenzó a cocinar, porque yo no quería lavar esas cosas de dudosa suciedad Jajaja... Pero tuvo que ir a entregar unas platas que su abuela le había dado para unos familiares de Navarro, y prefirió pasar así, con una excusa rápida para volver pronto. Terminé yo haciendo el almuerzo, y para cuándo llegó, ya estaba listo.
Almorzamos y volvimos a hacer el amor hasta cansarnos. Íbamos a salir a pasear pero nos quedamos dormidos. Al despertar ya era tarde y había oscurecido. Esteban se levantó para correr y yo haría lo mismo para pasear sola. Sin embargoe demoré y cuando por fin iba a salir, Esteban ya había vuelto.
Después en medio de mis dudas extrañas de si salir o no, decidimos salir. Esperé a que se bañara y caminamos.
El Este nuevamente estaba taciturno, y aunque me pedía disculpas y me recalcaba que no sabía por qué estaba así, me deprimía verlo en ese estado.

Navarro era bonito. Pequeño y bonito. Era un pueblo muy bien cuidado. Daban ganas de pasear por sus calles.

Al volver a casa volvimos a hacer el amor y a quedarnos dormidos.